sábado, 17 de octubre de 2009

Educación 2020: Nueva arremetida contra los profesores

Hace unos días atrás analizábamos la capacidad sintética o dietética de reflexión del Instituto Libertad y Desarrollo. Una semana después corroboramos que ha habido una especie de contagio, que lamentablemente se ha manifestado en la misma Universidad de Chile, cuestión que resulta contradictoria si consideramos que el Senado Universitario y el Rector de dicha Casa de Estudios habían manifestado recientemente su compromiso con la defensa de la educacion pública.

Mientras Chile caía 3-0 contra Brasil, en el programa Tolerancia Cero de Chilevisión Mario Waissbluth, profesor de Ingeniería Industrial de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, llamaba a la ciudadanía a vestirse de “verde” en apoyo a una serie de medidas “simples y claras” para superar nuestra crisis educativa. ¿Habrá elegido el color verde para asegurarse al menos el apoyo de Carabineros?

Con todo esto, probablemente mis amigos profesores y profesoras sostendrán que ya era una tragedia que los psicólogos (como yo), sociólogos, economistas, abogados y médicos opinaran y decidieran sobre educación, para que ahora también lo hicieran los ingenieros industriales -de hecho el documento de Waissbluth aparece firmado también por tres presidentes de centro de alumnos de carreras de ingeniería-. Pero no objetaré esta participación de los ingenieros en el debate educativo, tienen derecho ciudadano a hacerlo, me interesa más bien discutir las medidas que ellos proponen para mejorar la educación.

Las medidas propuestas por Waissbluth son las siguientes: más y mejores jardines infantiles; modificación significativa del Estatuto Docente; evaluación docente transparente e inequívoca; retiro anticipado y digno de muchos profesores, entrenamiento de alto nivel y re-certificación para aquellos profesores, que tengan el potencial; concurso inmediato de los directores vitalicios de escuelas municipales, que aun persisten en el sistema; cierre de carreras pedagógicas espurias, que entregan títulos de profesor, a personas no calificadas; examen nacional de habilitación para nuevos maestros; fortalecimiento a nivel internacional de las carreras pedagógicas serias; uso intensivo de la televisión educativa y nuevas tecnologías para el aula; reducción del número de alumnos por aula donde se requiera; fortalecimiento de las atribuciones, capacidad técnica y ejecutiva de los sostenedores de escuelas públicas; reparación o mejora de infraestructura deficitaria y salas con una condición climática aceptable, inmigración de maestros bilingües (y por supuesto usar el color verde, como ya lo hacía el periodista Matías del Río).

Detrás de estas medidas subyace una crítica hacia el magisterio chileno, el cual sería el primer responsable de lo que Waissbluth llama el “desastre educacional”. Así el futuro que estos ingenieros nos proponen es llegar a que nuestros docentes posean las “las mismas competencias de sus pares en países como Finlandia o España”. Pero Waissbluth no dice que estos sistemas educativos poseen fuertes sistemas públicos (de propiedad estatal), donde los docentes son pagados directamente por el Estado, con una descentralización a nivel regional para lograr políticas educativas pertinentes, con una gran inspiración igualitaria (condición para el desarrollo ciudadano y social), con un bajo número de alumnos por curso, veinte horas de trabajo frente a curso en vez de nuestras cuarenta, con profesores de apoyo para estudiantes con necesidades especiales, con equipos multidisciplinarios que asisten a las escuelas, etc. Es decir, existen en estos países y en muchos otros una tradición cultural y política que ha valorado la educación pública y a sus docentes como profesionales con poder de decisión o reacción.

Por otra parte, este ideal de profesor súper competente contrasta con los variados mecanismos de control sugeridos. Waissbluth afirma, al igual que el Instituto Libertad y Desarrollo, que con la instalación de mejores estándares de titulación, exámenes de habilitación, y certificación permanente, se lograrán mejores desempeños de los profesores (me pregunto si existen estas mismas prácticas de “persecución” profesional contra los ingenieros). Me parece que se sobrevalora el poder de estos instrumentos. ¿Por qué? Porque: los contextos chilenos aparecen excesivamente segmentados, discriminatorios y mercantilizados tergiversando cualquier medición que no controle estadísticamente la injusticia social; los criterios sobre qué es un buen profesor son muy discutibles y dependen de los objetivos contingentes de la política educativa; el control en educación no facilita el desarrollo profesional docente, de hecho lo restringe a lo “evaluado”; y por último, estas políticas “control de calidad” han estresado a estudiantes y profesores, perdiéndose el eje de lo realmente importante: la formación de un ciudadano/a íntegro/a (todo esto está “Documentado”).

Como observación al margen hay que decir que no es conveniente, ni romántico, decir que los profesores se entrenan. Los docentes se forman, y este es un proceso continuo que debe articularse en una carrera profesional, la cual el Colegio de Profesores ha reclamado desde la década de los ’90, ésta reconoce la formación y desarrollo profesional como su principal fuerza motora. Al hablar de flexibilización del Estatuto Docente no se reconoce que los alumnos y alumnas necesitan que sus profesores tengan seguridad y no tengan preocupaciones, porque en primer lugar el proceso de enseñanza aprendizaje es una relación entre un docente y un grupo de niños, niñas o jóvenes. Y esta relación da origen al despliegue de todas las inteligencias del alumno y alumna.

En términos de procedimientos es curioso que Waissbluth quiera entregar su propuesta al Palacio de la Moneda, Congreso Nacional y Colegio de Profesores, omitiendo al Ministerio de Educación. Recomiendo que se lea el texto elaborado por el Bloque Social (2006) y las distintas propuestas que el Colegio de Profesores ha entregado desde su Congreso Nacional de 1997.

Por último, ¿por qué no pensar en una construcción colectiva por parte de la sociedad de su proyecto educativo? Esto ya se hizo una vez en la historia de Chile, podemos hacerlo otra vez y mejor.

Con todo esto, quiero justificar que no me verán vestir de verde… y si lo estoy, será de pura casualidad, y no como apoyo a esta propuesta.

Jorge Inzunza H.
Magíster en Ciencias Humanas y Sociales

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