sábado, 17 de octubre de 2009

El conductismo de Libertad y Desarrollo

Si John Watson, el afamado padre del conductismo, estuviera vivo probablemente sería un asesor de Libertad y Desarrollo. Esta corriente de la psicología, nacida a principios del siglo XX, ha estudiado experimentalmente la relación entre los estímulos y las respuestas. Muchos recordarán haber leído o escuchado sobre el experimento de Iván Pavlov, donde un perro aprendía a “salivar” con una campana, sonido que significaba que Pavlov le daría comida. Un detalle escabroso era que Pavlov perforaba la mejilla del animal para medir cuanto salivaba el perro. Pero este artículo no es una denuncia hacia el maltrato contra los animales que realizaron y siguen realizando los conductistas y los científicos en general.

El día 22 de agosto, Libertad y Desarrollo ha publicado en su boletín “Temas Públicos” N° 883 un recetario de cuatro ideas sencillas para mejorar la educación municipal. En resumen estas son: 1) dar incentivos económicos a los directivos, 2) dar incentivos económicos a los profesores por desempeño, 3) entregar mayor y mejor información a los padres, y 4) subsidiar el transporte infantil para que puedan ir a colegios de mejor calidad.

Siempre es interesante analizar qué se esta pensando cuando se plantean medidas que aparecen como sencillas, qué permiten y qué ocultan. En este sentido, me pregunto qué concepción de profesor tiene el Instituto Libertad y Desarrollo (LYD), por sus “propuestas los conoceréis”. Creo que escasamente conocen al profesor y al directivo de la educación municipal. Brevemente podemos reconocer varios tipos, me interesa mostrar dos: el antiguo profesor que vivió la educacion estatal y que fue castigado en sus remuneraciones durante la dictadura, y que perdió el mínimo de seguridad que tenía como funcionario del Estado; el profesor joven que recién se integra y que se enfrenta a la realidad escolar (mercantilizada) donde el alumnado que se atiende hoy no tiene nada que ver con aquel “estudiado” en la Universidad. Para ambos profesores existe un desencanto relacionado con que ya la escuela no es la de antes (ya no es aquella donde era evidente que la escuela era una herramienta de ascenso social). La escuela municipal es la escuela de los pobres. Sin embargo, a pesar de este desencanto, esto profesores prefieren el sistema municipal, que mal que mal es lo más “público” que tenemos en educación. Estos profesores, no todos, tienen una fidelidad emocional con la educacion pública, y están en estas escuelas y liceos porque hay algo más allá de los incentivos pavlovianos que los hace trabajar en ellas, algo mucho más cercano al romanticismo mistraliano que a la competencia conductista.

El profesor como actor social fundamental necesita siempre un buen trato profesional y económico. En la necesaria carrera profesional docente se especificarán los caminos que el docente deberá sortear para avanzar, no dependiendo exclusivamente de la antigüedad. Esto no tiene nada que ver con un Estatuto Docente, herramienta que la “evidencia internacional” reconoce como fundamental para asegurar la estabilidad mínima que necesita una niña, niña y joven para aprender.

Las medidas 3 y 4 de LYD son absolutamente mercantiles. Los mismos estudios nacionales demuestran que los padres no eligen en base a los puntajes SIMCE. Y aumentar el flujo automovilístico con el transporte de niños hacia escuelas más lejanas, me hace preguntar ¿por qué no apoyar mejor a la escuela pública del barrio donde vive aquel niño o niña?

Ni los profesores, ni los alumnos, ni los padres y apoderados estamos salivando como aquel perro de Pavlov. Basta de experimentar. La competencia empeoró nuestro sistema provocando la segregación y exclusión. Apostemos por lo que la misma evidencia internacional demuestra (entre ellas la del mismo Reino Unido citado por LYD): fuertes sistemas estatales educativos, tenemos la inteligencia suficiente para hacerlo bien, al menos la de quienes trabajamos o nos inspiramos en el sistema público.

Jorge Inzunza H.
Programa EPE, FACSO U. de Chile

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