sábado, 17 de octubre de 2009

La elitización de la educación terciaria en Chile

Chile exhibe una de las estadísticas más alentadoras de cobertura para la enseñanza media o secundaria. Hoy cerca de un 70% de la población joven egresa de cuarto medio., siendo el primer país de América Latina. Probablemente han ayudado las políticas que desde el año 2000 han sido dirigidas a incentivar la retención de alumnos y alumnas más pobres y con mayor riesgo de deserción. Otros dos factores que puedan explicar esta estadística son la Ley de los 12 años, dictada en 2003, que ha hecho obligatoria la enseñanza media, y por otra parte, la ley penal juvenil que ha obligado a reinsertar en el sistema escolar a jóvenes infractores de ley (normativa que no ha sido acompañada por políticas de acompañamiento pertinentes, lo cual ha dejado a docentes y estudiantes en un trance complejo).

Sin embargo, si examinamos con detención las trayectorias escolares posteriores al egreso de la enseñanza media, el discurso de integración y derecho a la educación defendido por el Estado chileno se cae. Este mes de marzo, el Sistema de Información de Tendencias Educativas en América Latina ha descrito el devenir de los jóvenes de nuestra América Latina, mostrando que Chile y Colombia a pesar de tener una alta graduación del sistema de educación secundaria, exhiben un bajo ingreso al sistema de educación superior. Gráficamente, podemos señalar que de diez alumnos/as egresados de enseñanza media, sólo cuatro de ellos ingresarán a la educación superior, donde un 60% de éstos (o sea casi tres alumnos de los cuatro) corresponden a los quintiles de mayor ingreso. Es decir, uno de cada diez alumnos/as proviene de los quintiles de ingreso más bajos.

Esta realidad es otra expresión de la alta segregación educativa que no se ha corregido en últimos años, y peor aún se ha profundizado por causa de las desorientadas políticas educativas, que han privilegiado la privatización y el lucro privado. Un efecto perverso de las actuales políticas educativas es que hoy un alumno pobre que estudia gratis en una escuela municipal, o que paga algún tipo de mensualidad en una escuela particular, tiene escasas posibilidades de estudiar en las universidades o institutos profesionales. Peor aún, en razón que los puntajes altos para el ingreso a las universidades (llamadas públicas) son monopolizados por los jóvenes del quintil socioeconómico más rico, los jóvenes más pobres con habilidades, pero que no han pasado exitosamente los filtros de la Prueba de Selección Universitaria, deben pagar o endeudarse para acceder a una institución privada.

Es el mundo al revés. Las clases altas obtienen las becas y premios del Estado (que pagamos todos los chilenos, una forma curiosa de subsidio a la riqueza y a la educación básica y media de tipo privado) y de las universidades, monopolizando la matrícula general de varias de las principales universidades del Consejo de Rectores. Esta preocupación la ha puesto en el debate público el rector de la Universidad de Chile, que observa la elitización de clase que se ha hecho patente en la Universidad más antigua del país, tendencia peligrosa si consideramos que muchas de sus egresados luego se hacen cargo de administrar el Estado… sin jamás haber conocido o vivido la esencia de lo público”.

Medidas correctivas se hacen necesarias. Debemos tomar caminos concretos de superación de esta situación: asegurar el derecho a la educación de toda la población y en todos los niveles, educación gratuita estatal, fin a la prueba de selección universitaria, financiamiento estatal mayoritario de las universidades públicas, apertura de instituciones de educación técnico profesional estatales. Si apostamos por la educación pública en todos sus niveles, quizás logremos al fin que más de un estudiante pobre logre estudiar luego de terminar su liceo.


Jorge Inzunza H.
Programa EPE, Universidad de Chile

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