jueves, 27 de enero de 2011

Una Reforma Circular o una breve historia de nuestras reformas recientes

Estoy lejos de comprender las matemáticas, pero intentaré generar aquí una especie de metáfora geométrica a partir de las sensaciones que genera escuchar y leer los anuncios relativos a una nueva “reforma educacional” en Chile. Vamos a hacer un ejercicio de imaginería. Los invito entonces a pensar en una figura: un círculo de color rojo, el cual estará dibujado en el piso de una gran habitación blanca. Comenzaremos a caminar por la periferia de este círculo a partir de un punto X, que casualmente tiene un estante con varios archivadores. Elegimos uno que tiene garabateado: “Año 1981”. Una hoja de cuaderno amarillenta, perforada, con el sello del Ministerio del Interior, contiene un punteo en un pequeño cuadro hecho a mano que dice: “Sindicato Único de Trabajadores de la Educación desaparecido; creación y cooptación del Colegio de Profesores; universidades estatales divididas; Constitución Política protege la libertad de empresa en educación; comienzo del traspaso del 78% de la educación fiscal a los municipios;diseño e instalación del sistema de vouchers (gran aporte de los que regresan de Chicago)”.

Avanzamos como Dorothy a través de un camino amarillo y encontramos una repisa con una fotografía. En ella unos profesores son detenidos por carabineros… se alcanza a leer un cartel que dice “No a la municipalización”, mientras atrás de ellos se observa una cuca negra y blanca. Damos vuelta la fotografía y está inscrito “1986”. Ese año, ya el 52% de la matrícula escolar se encontraba traspasada a los municipios, quedando muy pocas escuelas resistiendo al proceso promovido por la dictadura; los profesores estaban siendo despedidos en masa y los que podían continuar vivían bajas sustantivas de salarios, ya que eran ahora los municipios quienes regulaban los contratos a su antojo. Junto con esto, todos los trabajadores eran empujados a afiliarse a las AFP, un prometedor negocio.
Desanimados continuamos nuestra andanza por este círculo, que ya parece una especie de ingrata línea de tiempo de nuestro devenir educacional desde aquella “gran reforma” de la dictadura. De pronto, tropezamos con una maqueta de una escuelita con un pequeño letrero que indica “1989”. Es una escuelita pública, porque dice: “F-28”. Levantamos el techo y observamos el calamitoso estado de todo. Faltan ventanitas y no hay nada que indique que en los inviernos tuviesen calefacción o en verano aire acondicionado. Pizarras, tizas, mobiliario estropeado. Éste era el resultado de las políticas de “economía de recursos” y “autogestión” del gobierno de Pinochet. Así, en 1990 el 58% de la matrícula estaba en escuelas municipales, y el floreciente mercado de la educación particular subvencionada alcanzaba al 32%. CONTINÚA LA LECTURA EN REVISTA DOCENCIA, AQUÍ.


Por Jorge Inzunza H.

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