jueves, 8 de septiembre de 2011

Segregación escolar en Chile

Chile tiene, en materia socioeconómica, los niveles de segregación escolar más altos de los 65 países que participaron en Pisa 2009. En promedio, un alumno del quintil socioeconómico más bajo está en un colegio donde el 40% de sus compañeros también son del primer quintil y sólo el 5% de sus compañeros son del quintil más alto. Un alumno que pertenece al quintil más acomodado va a un colegio donde el 52% de sus pares son del quintil más alto y sólo el 6% son del primer quintil.

En un sistema educacional sin segregación alguna esperaríamos que estos dos alumnos tengan un 20% de compañeros del primer quintil y un 20% de compañeros del último quintil. Los sistemas exitosos en materia educacional están más cerca de este escenario no-segregado que nosotros. En Finlandia, por ejemplo, un alumno del primer quintil va a una escuela donde el 25% de sus compañeros son del quintil más bajo y el 15% del quintil más alto. En Noruega, Alemania, Suecia, Estonia, Japón y Singapur la historia es similar y apunta a que un sistema escolar de excelencia puede serlo en un contexto de integración social.

Dado que es en la escuela donde ocurren la mayoría de las interacciones sociales no familiares de los adolescentes, es muy poco probable que un estudiante del primer quintil tenga algún tipo de interacción con un alumno de un nivel socioeconómico medio-alto o, alternativamente, que un adolescente de origen acomodado tenga algún tipo de interacción con pares de menor nivel socioeconómico. En el mejor de los casos, nuestros niños tendrán que esperar hasta los 18 años para conocer una realidad socioeconómica más amplia que la de su propio hogar y quizás experimentar de manera directa la desigualdad de nuestro país.
La segregación socioeconómica en Chile debe preocupar a aquellos que esperan que los alumnos aumenten su rendimiento académico, a aquellos que esperan avanzar hacia una sociedad que de verdad permita la movilidad social y también a quienes anhelan una sociedad cohesionada, tolerante e integrada.

La segregación socioeconómica escolar supone también segregación académica. Nuestros alumnos en desventaja social están en escuelas donde la mayoría de sus compañeros están también en desventaja académica, por lo que no se benefician de las mayores expectativas educacionales, las normas orientadas hacia el éxito académico, los mejores profesores, la mejor disciplina y el mejor rendimiento de sus compañeros que están en escuelas de mejor nivel socioeconómico. Con segregación se hace mucho más difícil levantar el rendimiento de los alumnos que más lo necesitan y, por consiguiente, levantar el rendimiento del país.

Si nuestros alumnos en desventaja social no tienen acceso a los mismos recursos educacionales ni a los mismos climas favorables de aprendizaje que tienen los alumnos del primer quintil, sus posibilidades de movilidad social están reducidas de antemano. A menos que logren ser parte de la exclusiva minoría que logra estar en colegios con pares de buen nivel académico, es muy poco probable que los alumnos del primer quintil lleguen a la universidad, aun cuando tengan la habilidad y disposición al esfuerzo para hacerlo. Al permitir estos niveles de segregación, nuestro sistema escolar limita involuntariamente la movilidad social que promete.

Pero la segregación socioeconómica escolar tiene consecuencias que van más allá del beneficio en rendimiento o movilidad para un alumno particular. La segregación escolar retrasa y limita el contacto entre personas de diferente origen social, debilitando valores como la tolerancia, el diálogo o la cohesión. Para entender el peso de este costo social debemos comprender el sistema escolar como algo que entrega mucho más que rendimiento académico y posibilidades de movilidad social para individuos.

La situación de segregación escolar en Chile es resultado, en parte, de los altos niveles de segregación residencial y las políticas (o falta de) que la permiten. Pero también de la ausencia de incentivos y políticas educacionales que fomenten la integración. Sistemas educacionales como el chileno, donde los padres eligen las escuelas para sus hijos y el nivel de recursos invertidos por alumno depende del nivel de ingresos familiar, tienden automáticamente a la segregación. Sin embargo, otros países fomentan la elección escolar y el financiamiento a través de vouchers sin la segregación que vive Chile (Bélgica o Eslovaquia, por ejemplo) y otros sistemas escolares buscan activamente la libertad de elección con miras a la integración, como es el caso del sistema escolar de Boston en Estados Unidos.

La Subvención Escolar Preferencial (SEP) es sin duda un paso hacia una mayor integración, pero poco hace para aminorar la segregación en colegios municipalizados o particulares pagados. Los efectos no deseados de la SEP -como establecimientos que concentran alumnos vulnerables para aumentar sus ingresos (y ganancias)- deben ser cuidadosamente monitoreados.

Mientras las escuelas municipales no sean una opción atractiva para los alumnos de clase media, ellas seguirán recibiendo -y excluyendo- a la parte más vulnerable de nuestra población. Mientras las escuelas particulares subvencionadas puedan seleccionar a sus alumnos sobre la base de criterios académicos, la subvención preferencial no reducirá la segregación académica en Chile. Y mientras los colegios particulares pagados ignoren los beneficios sociales e individuales que tiene el integrar al menos un poco las salas de clases, Chile seguirá siendo un país con alta segregación en los colegios y fuera de ellos, y seguiremos sufriendo las consecuencias negativas de la segregación.

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